Nikola Jokic, quien ha revolucionado la NBA y ha grabado su nombre en letras de oro en la historia del baloncesto con campeonatos y premios MVP, puso rumbo a su Serbia natal tan pronto como concluyó la temporada. Lejos de los focos de los medios y de las canchas de baloncesto, la súper estrella de los Denver Nuggets pasa sus días donde se siente más en paz: en su rancho de caballos en Sombor.
Para Jokic, los caballos no son solo un pasatiempo, sino una profunda pasión que arrastra desde la infancia. El vínculo que formó con solo 13 años, limpiando establos y cuidando caballos, no ha cambiado en absoluto hoy en día, a pesar de ser un atleta multimillonario. El establo y equipo de carreras "Dream Catcher" (Atrapasueños) que fundó en su ciudad natal es su vía de escape del mundo del baloncesto. El exitoso pívot encuentra una inmensa felicidad al ser visto allí no como un jugador de élite de la NBA, sino como aquel "chico de las caballerizas", como todavía lo llaman sus viejos amigos.
Gran aficionado a las carreras de trotones (harness racing), Jokic supervisa personalmente el entrenamiento y cuidado de sus preciados caballos como Dream Catcher, Demon Dell'Est y Amy Del Duomo. De hecho, las lágrimas de alegría que derramó tras la reciente victoria de uno de sus caballos en una carrera y el emotivo abrazo con su entrenador demostraron una vez más al mundo entero su amor puro por este deporte.
Esta pasión, resumida por su compañero de equipo Aaron Gordon con la frase: "Encuentra una paz interior completamente pura e invaluable al lado de los caballos", es la mayor fuente que nutre el carácter de Jokic. Mientras observa a sus caballos en la pista de tierra del hipódromo de Sombor, Jokic tal vez toma prestada su inigualable inteligencia de juego y su serenidad de la naturaleza misma de estos nobles animales.
Derin Armutçu
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